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Enfermedades de los perros: La Rabia

No recordáis cómo de pequeños aún flotaban en el ambiento y las alertas de los mayores, los psicológicos y reales estragos de las terribles imágenes de los infectados con la enfermedad de la rabia?

La rabia es la zoonosis viral (enfermedad que se transmite de animales a humanos) más antigua conocida, y aunque es habitual asociarla a los perros (no en vano nueve de cada diez contagios provienen de un can), es una dolencia que afecta a todos los animales mamíferos. Gatos, murciélagos o vacas también pueden propagar la enfermedad, que se presenta a través de un virus ubicado en la saliva del infectado y que es mortal.


El virus mortal perfecto
La fama no le viene grande a la rabia. A esta potente letalidad hay que unir una efectividad y modus operandi preocupantes: la incubación puede durar hasta un año, pero cuando el virus muestra sus síntomas, infesta rápidamente al organismo contaminado y en torno a los diez días perece. Entre medias, el sistema nervioso central se habrá visto atacado por el virus, provocando una posterior locura, una incesante salivación, una parálisis, y al fin la muerte.

La enfermedad se propaga por el contacto directo con un animal contagiado, que al morder a otro transmite el virus. Aquí radica la vital importancia de llevar un constante control sanitario de nuestros animales domésticos, más aún sabiendo que uno de los síntomas característicos de la rabia es la agresividad, el ataque indiscriminado a todo lo que el infectado ve. Por ello, los principales focos de atención son, lógicamente, los ejemplares callejeros. Sobre todo los perros.

Rabia agresiva o rabia muda

Así, la rabia se pude presentar de dos formas completamente opuestas: a través de una inusual fiereza o con una desproporcionada tristeza y aislamiento.
En el primero de los casos, el animal ataca todo lo que tiene delante, sin hacer distinción; en el segundo (denominado ‘rabia muda’), se vuelve huidizo, miedosos y frenético, y el animal no abre la boca ni para emitir sonidos. Ambos síntomas suelen presentarse consecutivamente por este orden. Al poco tiempo le invadirá una parálisis a la que le seguirá la muerte. Sólo hay un caso conocido en el que un humano infectado tras una mordedura haya sobrevivido a la rabia: Jeanna Giese fue atacada en 2004 por un murciélago, y tas inducirla al coma lograron salvarle la vida.

La única cura eficaz es la prevención: vacuna a tus animales domésticos periódicamente antes de tener cualquier susto. Mientras que en humanos lo recomendable es iniciar un tratamiento similar en aquellos lugares potencialmente susceptibles de contagio (como son África o Asia).

En España la enfermedad quedó prácticamente erradicada en el año 1.966, produciéndose luego un brote importante en Málaga durante 1.975. En otros países, como México, la rabia es problema nacional de salud pública.

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